Bocacalle o el sueño de cuatro hombres y un destino

Dos abogados y dos consultores. Sus sobremesas giraban siempre en torno a la gastronomía. “¿Has probado este sitio?” o “¿cuál es el plato que mejor te sale?”, se decían los unos a los otros. Estaba prohibido hablar de trabajo. Ese trabajo que día tras día les aburría pero que, sin saberlo, les ha servido para poner los cimientos a la base de lo que un día soñaron y que hoy es una realidad cuyo nombre atiende a Bocacalle.

Bocacalle es un restaurante de comida callejera pero llevada a la sofisticación, con técnicas de vanguardia. Su carta sorprende, la decoración sorprende y las ganas de contagiar el espíritu de Bocacalle sorprenden todavía más. Se quieren comer el mundo y, en ganasdeviajar nos consta que se lo están comiendo pero antes, vamos a detallar qué es lo que aquí podemos degustar.

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Lo mejor será dejarse asesorar por cualquiera de los cuatro socios: Alberto, Pinilla, Saavedra u O’connor, nuevos en el panorama gastronómico de la ciudad que prometen hacerse un hueco entre la gran oferta culinaria. Por ello, su propuesta gira siempre en torno al producto español con una gran dosis de creatividad. Y si no, atentos a los nombres.

Capricho ahumado, una sardina ahumada en el momento frente al comensal sobre confitura de tomate y caviar de sésamo. Su sabor se aprecia en nariz primero y en boca después donde la unión de todos los ingredientes causa sensación muy agradable en el paladar.

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Sorprende por su sabor el risotto oceánico con plancton marino (no apto para primeras citas ya que el color verde tiñe la boca entera), servido con alga codium conocida como el percebe de los pobres.

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Los gyozas de caza con carpaccio de boletus y aceite de trufa blanca y un chupito de caldo en el que se ha cocido el ciervo. Sweet Segovia, un bocado de cochifrito a baja temperatura bañado en demiglass y chocolate y galleta de cuero. Estos son algunos de los ejemplos de su genuina oferta gastronómica.

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Al igual que el Estofadog, el plato que está haciendo furor desde la apertura del restaurante, una especie de hot dog de salchicha artesana –y sin tripa- de carrillera de cerdo moldeada a mano y cocinada a baja temperatura. En el apartado dulce, merece la pena el huevo de chocolate, un Browne con helado de galleta dinosaurio, pistacho y kilos que todo mezclado sabe a la mítica chocolatina de huesito: delicioso.

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La carta ofrece una veintena de platos de autor pensados para compartir y comer con las manos cuyo responsable es Dani Álvarez, un joven chef curtido en los fogones de uno de los grandes, Martín Berasategui.

La originalidad de Bocacalle se percibe no solo en su carta sino también en su decoración, firmada por Boamistura, especialistas en arte urbano. Así, encontramos dos espacios bien diferenciados: uno en tonos rojizos, cuyas paredes representan las papilas gustativas vistas a microscopio; y el otro más industrial con cocina vista donde se terminan de emplatar los platos que salen de cocina.

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Bocacalle está en pleno cambio de carta para adaptarse a la temporada estival y seguir dejando con la boca abierta a quien se atreva a vivir una experiencia sensorial. ¡Nosotros no nos lo perdemos!

 

 

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